Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:27.

En esta era de los derechos humanos, del respeto por el otro y sus diferencias, quien se atreve a tener una postura específica de desaprobación de las conductas homosexuales es ardientemente reprobado por la mirada social y acusado, explícita o implícitamente, de “medieval”, “cavernícola” y generador de violencia social.

Hasta hace un siglo, la homosexualidad era considerada no solo un pecado, sino también una perversión. Pero los tiempos y las ideologías han ido cambiando, y de ser conceptuada como un pecado y una perversión pasó primero a considerarse una enfermedad y, en la actualidad, como una opción sexual más, tan legítima como la heterosexualidad.

Para el cristiano, la palabra última sobre las grandes cuestiones de la vida no la tiene el hombre sino Dios. El es el único que puede decirnos con exactitud qué es el bien y qué es el mal, qué es sano y qué es enfermo, porque es el Creador de todo lo que existe, y es el Ser sabio, y amoroso. El hombre es un ser, según la Biblia, enfermo de pecado, lo que hace que, inmerso en su propia miseria, no esté en condiciones de evaluar acertadamente su condición ni, dentro de ella, qué es el bien y qué es el mal, qué es normal y qué es perverso, qué es sano y qué es enfermo. El hombre, sin Dios, es un sistema cerrado, replegado en sí mismo, incapaz de ver el cuadro general que Dios sí puede ver.

¿Qué opina Dios, en su revelación, la Santa Biblia, sobre estas cuestiones? Tres conceptos fundamentales, que primero enunciaré y mañana fundamentaré mediante textos bíblicos:

La práctica de la homosexualidad es un pecado, producto de la naturaleza pecaminosa, y está desaprobada por Dios en su Palabra, al igual que otros pecados.

Jesús ama a los homosexuales, al igual que a todo otro tipo de pecadores, y dio su vida también por ellos en la Cruz.

Hay esperanza para el que ha practicado la homosexualidad, si se arrepiente, confía en el perdón de Jesús logrado en la Expiación en la Cruz y se entrega a la obra transformadora del Espíritu Santo.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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